La otra mujer (relato corto)

Después de una jornada de quince horas, Amalia regresó a casa exhausta y llena de misantropía. Tras salir del subterráneo, caminó los escasos trescientos metros que separaban la estación de su hogar, para ello debía atravesar un pequeño parque lleno de robles y encinos, caminaba a prisa, la zona no era precisamente segura. Cuando estaba a medio camino, vio a lo lejos a un hombre y una mujer hablando, de inmediato tuvo un sentimiento ominoso.

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Conocía esa espalda desequilibrada, esa postura firme y la cabeza larga, no podía ser otro hombre que su esposo, Vicente. ¿Qué hacía a las once de la noche hablando con una mujer en un parque? La extraña era en extremo delgada, su semblante serio y malhumorado. Notó que él estaba más que alterado, podía observar que cambiaba de postura a cada instante, que incluso sus piernas temblaban. Ella lo abrazó y Amalia sintió la furia invadir sus venas. Él se puso rígido como una tabla, pero no opuso resistencia. La mujer misteriosa soltó a Vicente y se fue caminando rápido, perdiéndose entre la oscuridad, el hombre quedó clavado al piso. Amalia corrió hacia su casa, al borde de las lágrimas.

Vicente llegó a su hogar unos minutos después, parecía haber envejecido diez años, fue recibido por el impacto de un florero que se le rompió en la cabeza, haciéndolo sangrar.

-¿Quién era? – La voz y la cara de Amalia podrían haber asustado a un león.

-Ella…- Vicente se limpiaba la sangre de la cabeza con un papel, y tomó asiento.

-¡Dime quién era!- insistió Amalia, cada segundo más furiosa.

-Es que no sé cómo decirte.

Amalia tomó un plato de la mesa y se lo lanzó a Vicente, que lo esquivó.

-¡Escucha! – El marido se puso de pie- No tengo manera de explicarte esto. Yo nunca te lo había dicho, pero no fue que quisiera mentirte, sólo… no sabía que podía pasar.

-¡¿Quién era?! – Reiteró Amalia en un grito terrible.

-No eres mi primera esposa – respondió Vicente, se generó un silencio lapidario.

-¡Hijo de puta! – gritó Amalia al tiempo que iba hacia su habitación, dispuesta a abandonar su hogar ese mismo día.

-Amalia, vuelve aquí, es que me daba miedo decirte. No es lo que tú crees.

-¿Entonces qué es, pendejo?

Vicente no tenía habla, estaba sentado con los ojos abiertos, en estado de shock, Amalia hizo rápidamente una maleta y salió hecha una furia de su hogar. Utilizando su teléfono, pidió un taxi que la esperaría a una cuadra de ahí. Mientras esperaba, gruesas y negras lágrimas recorrían sus mejillas. Se había casado sólo porque creía que por fin había conocido a un hombre que no actuaba dominado por su entrepierna, nada le dolía tanto como la traición de Vicente. El taxi llegó.

Amalia abordó el taxi y se dirigió a casa de su madre, sin embargo, cuando el vehículo llegó al primer semáforo, la puerta del lado izquierdo se abrió; la misma mujer misteriosa que vio hablando con Vicente abordó el taxi con violencia y se abalanzó contra Amalia, intentando estrangularla. Sus manos tenían una fuerza inverosímil, el conductor bajó del auto e intentó sacar a la intrusa, Amalia se liberó de su agarre y salió por la puerta derecha, instintivamente yendo de vuelta hacia su hogar, la mujer salió en su persecución.

Después de unos metros, Amalia se encontró con Vicente, que venía corriendo, volteó hacia atrás y la intrusa no se veía por ninguna parte. Con cautela, ambos fueron hacia donde se había quedado el taxi, el conductor estaba sentado sobre el capó. Les devolvió la maleta de Amalia y la pareja le dio un generoso billete por su ayuda, el conductor les dio un consejo:

-Aguas con esa pinche loca.

La pareja volvió a su hogar, mientras caminaban Vicente comenzó a hablar:

-Su nombre es Soledad. Nos conocimos en una fiesta, salimos cuatro meses y nos casamos, yo era muy joven y muy estúpido, apenas tenía veintitrés años. Sólo estuvimos casados seis meses, en los que vivimos juntos. Mi vida con ella fue un infierno. Sentía celos de cualquier mujer que se acercara a mí, incluso de mi propia hermana, de mi propia jefa, me hizo perder mi empleo; su inseguridad hizo que la abandonara, totalmente harto. Me dijo que si me iba se iba a matar. Ahora veo que no lo hizo. Cuando la dejé, hice todo para no volver a tener contacto con ella, pero un año después me encontró, asesinó a mi perro y tuve que mudarme, pensé que me había perdido la pista hace mucho. Hoy sería el décimo aniversario de nuestra boda.

Amalia propuso ir a la policía, pero la idea fue desechada, ambos sabían que la policía mexicana es tan eficiente como un balde sin fondo. Vicente especuló que la fecha de aniversario podría haber desencadenado este arrebato de violencia, así que propuso tomar por fin unas vacaciones largamente pospuestas, en un bonito hotel en Valle de Bravo, a un costado de lago; de esa manera estarían seguros mientras tomaban una decisión; puede ser que incluso pasados unos días Soledad desistiera.

El hotel era hermoso, llegaron justo cuando el sol emergía entre la bruma, llenando la superficie del lago de destellos difusos. La habitación era cómoda, los bosques circundantes eran pacíficos y hermosos. El primer día fue de descanso, el segundo, decidieron explorar las cercanías y encontraron un hermoso campo de trigo, se adentraron en él, invadiendo propiedad privada.

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Cuando estaban en un punto en que nadie podía verlos, Vicente empezó a acariciar un brazo de Amalia.

-¡Estate quieto! – Sentenció ella riendo.

Vicente continuó, su relación había estado llena de tensión desde hacía mucho debido al demandante trabajo de Amalia y a la indiferencia del esposo, tenían más de tres meses sin hacer el amor. El valle boscoso, la temperatura casi gélida y el hermoso campo de trigo hicieron un ambiente inigualable para que surgiera en ellos de nuevo la pasión.

En medio del cultivo, comenzaron a desvestirse y a besarse salvajemente, Vicente recostó suavemente a Amalia sobre el piso y en el preciso instante en que entró en ella, se escuchó un grito desgarrador que inundó el valle entero. Los esposos tomaron su ropa del suelo y corrieron de vuelta al hotel, detrás de ellos, se veía cómo el trigo se agitaba a lo lejos. No podían creer que Soledad los hubiera seguido hasta ese punto. Llegaron al hotel cuando el sol se ponía, en paños menores, corrieron directo a la habitación. Guardaron sus cosas de inmediato y corrieron a su auto, de vuelta a casa.

Amalia tomó el volante, sabía que Vicente era como un abuelo conduciendo, y partieron a toda velocidad, tomaron la carretera que bordea el lago, rodeada de incontables y oscuros árboles, justo cuando el sol se ponía. El motor rugía a medida que iban más y más rápido.

Photo of Gray Concrete Road in the Middle of Jungle during Daylight

El auto iba a ciento cincuenta kilómetros por hora, cuando de repente salió alguien corriendo de entre los árboles y se puso directamente frente a su auto, abriendo los brazos: era Soledad.

La mujer estaba demasiado cerca, Amalia no tuvo tiempo de frenar, los esposos sólo pudieron aferrarse al tablero y abrir los ojos como platos, esperando el golpe que haría pedazos a Soledad.

Pero no hubo choque, el auto sólo siguió avanzando.

¡Feliz día de muertos!

(Free stock photos):

  1. Simon Robben. https://www.pexels.com/photo/architecture-blur-buildings-cars-204366/
  2. Carl Larson. https://www.pexels.com/photo/agriculture-countryside-crop-cropland-411469/
  3. Kaike Rocha. https://www.pexels.com/photo/photo-of-gray-concrete-road-in-the-middle-of-jungle-during-daylight-775199/
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Movimiento Sonoro Independiente

Hace un año conocí a una banda de jazz independiente llamada Deneb, me fascinó su capacidad técnica, su originalidad y vigor artístico, podía sentirse a través de su sonido una furia impresionante, la fiebre creativa de mentes jóvenes, apasionadas e inteligentes creando un sonido sofisticado y sumamente agradable.

Aquí una muestra de su gran talento:

 

A partir de entonces comencé a seguirlos y a hacer todo el ruido posible con respecto a ellos, y el día de ayer asistí a un show y plática que dieron en Casa Armonía en conjunto con otros proyectos independientes: Julio NT y Rindel Shoppe.

Juntos, han formado una asociación llamada Movimiento Sonoro Independiente, que busca fungir como una plataforma logística y de difusión para ampliar el impacto de bandas como estas en el público mexicano.

Celebro la creatividad en cualquiera de su expresiones y me emociona el hecho de conocer a artistas que no buscan la imitación, que hacen lo que se les viene a la mente, que sencillamente se dejan llevar por sus emociones y crean música de calidad. El arte independiente, desde mi punto de vista, es el único verdadero, el único que puede llamarse arte.

¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Nuestra séptima revista!

LA POESÍA NO MUERDE

¿Conocéis mejor forma de pasar el día, o más bien la noche, que con Poesía sobre el miedo? Una vez más, mi enhorabuena a todos los participantes. Deseo que esta revista esté a la altura de vuestro trabajo. Y como siempre: “A compartir sin moderación, la poesía no muerde”.

Un saludo y feliz noche de Halloween a todos.


Os invito a disfrutar de nuestra séptima revista, disponible en Issuu


de todos los audios, disponibles en Ivoox:

https://www.ivoox.com/podcast-poesia-no-muerde-o-si_sq_f1463415_1.html

ivoox LPNM


Y de todos nuestros vídeos en Youtube:

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Miedo (Experiencia LPNM)

LA POESÍA NO MUERDE

Miedo

tengo

de la oscuridad

de las

palabras que se dicen

a medio decir

y de las

acciones que

se hacen

a medio cocer.

Temo,

como un gato

huye del agua,

los deseos

sin cumplir

años

y sudo frío invernal

a causa

de la madera áspera

que se agazapa

detrás de

algunas sonrisas.

Miedo de ser

mordido

por el veneno

del olvido,

y la piel se eriza

al sentir

el aire de

la vejez venidera.

Miedo, temor,

terror que paraliza,

que no deja respirar.

Miedo a nada,

miedo a todo.

Miedo, en fin,

a

desaparecer.

Siguiendo los pasos de la creación:

Poema: Jesús Palomo (Vitoria-Gasteiz)

Imagen: Bernardo Arcos Álvarez  (Ciudad de México)

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Pájaros borrachos (Experiencia LPNM)

LA POESÍA NO MUERDE

Bernardo Arcos ÁlvarezPájaros borrachos de sol arrancándose las plumas…

nuestros gestos eran demasiado claros

o bien demasiado torpes y desteñidos,

para cargar con nuestras sombras,

Para barrer tanta pesadumbre y cargar con las alas de un ángel roto…

Tanto silencio fermentado

convertido en añicos de lo incompleto

Y entonces ahogados en la luz, las bocas cansadas de morder el sol y de arrancar los rayos de improbables estrellas muertas.

Oíamos esa voz lejana…. murmullo casi incierto de lluvias torrenciales,

de las palabras encerradas y de una nave que extraviaba la razón.

Voz de plumas y de papeles subiendo el infierno de la memoria.

Atreverse a amar, delirar en el laberinto del amor

y al amanecer arañar el nacimiento de un nuevo mundo

Como feroces combatientes desafiando un tiempo incierto.

Siguiendo los pasos de la creación:

Imagen: Bernardo Arcos Álvarez (Ciudad de México)

Poema: Patricia Sabag (Reims, Francia)

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